Estatuas vivientes

Están ahí sentadas, quietas mirando lejos y dejando que el sol les arrebate la humedad que unos fuertes dedos han dejado en sus cuerpos, unos ojos ajenos han recorrido sus sinuosas curvas, han profundizado en la piel, han palpado la estructura de miles de músculos y han analizado texturas que han quedado grabadas a fuego en la mente de alguien que ya no podrá olvidarlas.

Necesitan al menos 7 días.

Una para olvidar entre silencios y distancias, otra para expulsar por sus poros manoseados el exceso de agua y endurecer con el sol y aire para dejar de tener una forma cambiante, olvidar la fragilidad y ser el origen de mil espaldas de bronce.

El escultor le dijo que era la mejor espalda que nunca había copiado, mientras se vestía recibió un beso entre sus ropas y una gota de perfume, no sabía porqué pero ese beso le estaba acariciando el alma, mientras los 7 días para que la arcilla se torne dura como la piedra se le van a hacer eternos y lo sabe.  

Ella miraba constantemente su réplica en barro.



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