viernes, 20 de enero de 2017

Primer día independencia catalana

Cronología del primer día 


Tras una hipotética independencia, en caso de que Cataluña declarara unilateralmente su imaginaria República. 

¿Qué consecuencias tendría para los ciudadanos catalanes? 

He aquí la posible cronología del primer día tras la independencia.

  • 07.30 horas. Suena el despertador. Aún medio dormido, decido poner la radio. En «Catalunya Radio» aún están eufóricos, se oye la música Els Segadors de fondo. Sintonizo varios diales, todos sonando en catalán. Me pregunto si aún podré sintonizar las frecuencias de los medios españoles y si eso cambiará en un futuro cercano. Ahora mismo se pueden oír, pero son los programas de los estudios locales, también en catalán. Lo cierto es que en muchos medios ha pasado la euforia por la independencia y lo que comienza es la etapa de la incertidumbre y de las dudas. En una tertulia debaten sobre cuáles son las opciones de negociación y presión de Artur Mas para volver a la Unión Europea. Y no son muchas. 
  • 08.30 horas. Bajo a tomarme el café en «Can Sisco». Fuera se ve el cartel de siempre: «Cafè i pa amb tomàquet, 3 euros». A pesar de haber perdido el control sobre el euro, el Gobierno aún no ha explicado si va a crear una nueva moneda. Saben que, si quieren volver a contar con instrumentos de política monetaria —que necesitan para combatir la crisis— tienen que crear una nueva moneda. Pero por otra parte, eso le perjudicaría frente a su principal mercado de exportación: la Unión Europea. En el bar todos están hablando en catalán, ahora que somos independientes no se sabe si te mirarán mal por hablar en castellano.
  • 09.30 horas. De camino al trabajo veo a los niños yendo al colegio. Los libros de historia han sido renovados rápidamente y se ha introducido como asignatura troncal «Historia de los Países Catalanes». Por supuesto, reivindicando territorios baleares, aragoneses, valencianos... La historia de España ha desaparecido del temario por el momento. Todas las asignaturas se imparten y examinan en catalán y la opción del bilingüismo ha desaparecido, pese a que muchos alumnos tenían hasta ahora dificultades para aprobar el nivel C necesario al acabar Bachillerato. La empresa no puede permitirse la pérdida de competitividad por los aranceles
  • 10.30 horas. Llego al trabajo. Hay preocupación en el ambiente. La empresa exporta la mayor parte de su producción y ahora, fuera de la UE, se abre un período de incertidumbre. Al rato nos citan a todos en la sala de reuniones: los jefes han tomado una decisión. Se llevan la empresa a Alicante. No pueden permitirse la pérdida de competitividad que supondría estar sujetos a aranceles, ni quieren asumir los costes y el proceso de tener que estar tramitando las licencias de exportación e importación por cada país. Quienes quieran moverse con ellos podrán hacerlo, los que no, se irán al paro en un par de semanas.
  • 11.30 horas. Bajo un momento al banco. Hay una cola enorme. La inseguridad ha empujado a la gente a cerrar las cuentas bancarias de los bancos catalanes para abrirlas en los españoles, ya que la legislación comunitaria garantiza los depósitos de hasta 100.000 euros.
  • 12.30 horas. Desde la ventana veo que varios técnicos se afanan por colgar un cartel publicitario en la calle. «Allista't l'Exèrcit de la República catalana. Defensa el teu país» («Alístate al Ejército de la República catalana. Defiende tu país»). ¿Habrá encontrado el «Govern» los 4.000 millones de euros anuales que vale la creación de unas Fuerzas Armadas convencionales?
  • 13.30 horas. Hora de la comida. Paso por el supermercado para comprar un par de cosas que me hacen falta. Miro los precios. Salvo los productos catalanes, que siguen al mismo precio, el resto han subido notablemente. Entre las primeras medidas que se han tomado se incluía la imposición de aranceles a los productos extranjeros: el Gobierno dice que quiere proteger los productos «nacionales». Aún así, hay muchísima gente. El miedo a que la declaración unilateral de independencia acarree el cierre de las fronteras con España, no sólo a personas sino también a los productos, hace que todo el mundo quiera tener abastecida su casa. Investigadores que trabajaban en proyectos de la UE han perdido la beca
  • 15.00 horas. Pongo las noticias. En TV3 aparecen varios niños hablando. Dicen que Cataluña «ha vencido». Desde la televisión intentan que la gente conecte con el espíritu más independentista y se olvide de los problemas que surgen ahora. Se ve que no han querido preguntar en las universidades. De pronto, casi cuatro mil alumnos se han dado cuenta de que este año no se irán de Erasmus, otros muchos han visto cómo se les han cerrado las oportunidades de trabajo en el extranjero, y los docentes no están muy contentos: muchos proyectos han sido paralizados y muchos investigadores que estaban en proyectos de la UE se han quedado fuera automáticamente. Tienen que volver a Cataluña para enfrentarse a la nada.
  • 16.00 horas. Vuelvo a la empresa. Me llega un email de mi hermano, que estaba trabajando en Alemania. Además de la inseguridad de su trabajo (no sabe si tendrá que volver o si podrá conseguir un visado de trabajo), al no ser ya ciudadanos europeos su mujer y su hijo sí que tendrán que regresar a Cataluña. Me escribe para preguntarme si podría ayudar a su hijo a conseguir un trabajo aquí, pero yo no tengo nada que hacer. Y con una tasa de paro juvenil del 52,7 por ciento, para quienes tienen que volver es más complicado que nunca.
  • 17.00 horas. Por la calle pasan personas envueltas en «esteladas» cantando «Els Segadors». Todas las banderas españolas y europeas han desaparecido de las calles, de las instituciones que aún las mantenían, e incluso de hoteles por miedo a altercados con los nacionalistas.
  • 18.00 horas. Paso por el que iba a ser el Instituto Catalán para la Investigación del Agua. Las obras están paralizadas. De los 3,6 millones de euros que costaba, la mitad eran financiados por la UE. Ahora no hay fondos y tendrá que decidirse qué hacer con ello. Y lo peor es que este es sólo uno de los proyectos paralizados.
  • 19.00 horas. Me escribe un amigo desde el extranjero. La situación política del país es complicada y, al no tener Cataluña embajada, no sabe qué hacer. No sabe a dónde recurrir. No sabe cómo volver a España, ya que no le vale el pasaporte. Tampoco sabe si le atenderán en la embajada española al haber perdido la nacionalidad con la independencia. Y tampoco puede acudir a las de los países de la Unión Europea. No le sirve la protección consular que ofrecía la UE a través de las legaciones en cualquiera de sus Estados miembro. Me pregunta: ¿Hay alguien ahí que diga qué pueden hacer los que están fuera?Para viajar a Italia tendría que conseguir una visa y un seguro médico internacional
  • 20.00 horas. Cancelo el vuelo que tenía comprado para viajar a Italia la próxima semana. Ahora tendría que conseguir un visado y un comprobante de un seguro médico internacional. Además, hay un montón de problemas en el aeropuerto, la mayoría de los vuelos han sido cancelados, tanto de llegada como de salida. Y el AVE no se queda atrás. Las complicaciones legales para cruzar la frontera han hecho que por el momento los trayectos se hayan aplazado «sine die».
  • 21.00 horas. Hablo por teléfono con mis padres. Estoy preocupado por ellos. La Seguridad Social catalana es deficitaria y ahora ellos dependen de las pensiones. Las cotizaciones no dan para cubrir el actual nivel de las cuotas y, pese a las promesas políticas previas, el Estado catalán ha anunciado que tiene que rebajarlas.

  • 22.00 horas. Pongo la televisión. Hoy habría partido de Champions y hubiese jugado el Barça. Pero se ha suspendido. Con la independencia, para que los equipos catalanes puedan jugar, la UEFA primero tendría que reconocer a la Federación Catalana. Algo que aún no ha ocurrido. Con la Liga española, todas las opciones están perdidas. Sólo quienes sean parte de la Federación Española (RFEF) pueden participar en las competiciones nacionales. Mientras, ya se habla de crear una Liga catalana. El mayor rival del Barça será el Espanyol.
  • 23.00 horas. Me meto en internet. Es la única forma de encontrar la información sobre qué es lo que dicen en España y en la UE. Por ahora, ningún Estado influyente nos ha reconocido como nación. El futuro de Cataluña se plantea complicado.
  • 24.00 horas. Me voy a dormir… y espero soñar que las consecuencias de una Cataluña independiente sean tan sólo una pesadilla.


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